“La gran parte del tiempo no nos paramos a pensar en las cosas tan maravillosas que nos rodean. El sol, el mar, la montaña, los cantos que los pájaros nos regalan cada día, el despertar de tu pequeña mascota a tu lado… No valoramos los instantes que pasan fugaces. Las miradas que duran segundos. Las sonrisas cómplices que dicen más de lo que nunca podrías imaginar. Estamos tan acostumbrados a pedir, a exigir, a estar descontentos… que no dedicamos ni cinco minutos de nuestro tiempo a ver lo que nos rodea.”

 

Entre las cosas tan maravillosas que están con nosotros se encuentran las personas. Personas que dieron su vida, movieron su mundo, hicieron lo imposible posible para que tú estés aquí. ¿De quién estoy hablando? Por supuesto, de tus abuelos.

 

Cuando tuvieron a tu padre o a tu madre, la época en la que vivían no era tan sencilla como la de ahora. Eran tiempos duros en los que había que trabajar en el campo, en el mar, en las minas… para poder traer algo a casa. Trabajaban por muy poco para dar de comer a los más pequeños o a los más mayores del hogar. Y, aún así, decidieron traer una familia al mundo.

 

Si tienes la suerte de verlos cada día seguramente no te fijes en ellos. Pasarán desapercibidos o lo tomarás como algo normal. Intenta cambiar tu perspectiva, aunque tan solo sean diez minutos. Míralos como si fuera la primera vez. Cómo sonríen, cómo se mueven, cómo dicen las mismas frases o coletillas que estás cansado de escuchar pero que adoras. Las adoras porque sabes que son propias de ellos y de nadie más. Incluso, puede, que tú las hayas incluido en tu vocabulario.

 

Ellos, a pesar de que el tiempo ha pasado sí se fijan en ti. Siguen diciéndote que te abrigues cuando sales a la calle, que te pongas un gorro en la cabeza cuando hace sol o que no te bañes después de comer porque te puede dar un corte de digestión. A pesar de no ser consciente, siempre están pendientes de ti, en lo bueno y en lo malo. Siempre dispuestos, siempre atentos.

 

Esto lo hacen tanto si te ven todos los días, como si es un encuentro puntual.

 

 

Muchas veces olvidamos lo importantes que son y el papel tan fundamental que juegan en nuestra existencia. Ellos nos dieron la vida. Sin ellos tú no serías lo que eres ahora.

 

Puede que te cansen, que te aburran, que te quejes porque siempre te cuentan las mismas historias, tienen las mismas conversaciones o los mismos cuentos. No lo hagas. Valóralos por como son. Ellos han vivido antes de ti. Tienen una experiencia, unas vivencias muy ricas, que es importante que valores para poder transmitírselas a futuras generaciones. No dejes que su historia caiga en el recuerdo. Cuídala, cuídalos y haz que crezca.

 

Todo lo que necesitamos para ser felices y plenos, lo tenemos al alcance de nuestra mano. No hace falta tener mil cosas, comprar cosas de marca, móviles de última generación o el coche de moda. No. Todo esto son superficialidades que nos ha transmitido la sociedad consumista para que dejemos de valorar lo que realmente importa.

 

Importa lo que tienes ahora. Importa lo que tú eres. Importa quién te rodea. Importa el vínculo, la conexión que os une. Importa que comiences a valorar cuanto antes el tiempo que siempre te han dedicado a lo largo de su vida. Tú puedes cambiar el curso de su historia.

 

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