Soy una persona muy independiente. Me gusta estar rodeada de amigos, tener planes con ellos, participar en actividades y eventos. Estar soltera para mí, siempre ha sido una elección de vida.
Os contaré un SECRETO: Comenzar una relación de pareja seria siempre me ha provocado cierto tipo de sarpullido en el cuerpo. ¿Qué manía tiene la sociedad de que SÍ o SÍ tengamos que vivir en pareja? Parece que todo está diseñado para dos, incluso los yogures: o vienen en packs de 2 o de 4.

¡Un completo desastre!

Si bien… Todo cambió cuando conocí a una persona especial, que cambió mi forma de ver el mundo y me ayudó a despejarme de las capas y capas de barreras que tenía sobre mí. Te contaré cómo:

Dejas de tener el control sobre todo

A las personas independientes nos gusta fluir, pero a la vez nos gusta tener todo bien controlado – al menos es lo que me sucede a mí. El problema surgió cuando decidí anotarme a un viaje solidario con destino, África.

imagen4

 

El cambiar de ambiente me proporcionaba una salida a la monotonía y además, me permitía conocer otras culturas y sacar fotografías de la realidad de ese país. A su vez, sin que me diera cuenta me abrió la mente, dejando atrás prejuicios y creencias, ayudándome a conocer sin juzgar.

 

¡Olvídate de tus normas!

El romper con la rutina me obligó a olvidarme de mis normas metódicas. Y así, conocí a Saúl. Un chico risueño que participaba organizando mi viaje y que a la vez nos hacía de guía a lo largo de las diferentes poblaciones.

imagen12

 

Siempre he defendido que cada uno debe tener su espacio, pero por aquel entonces era incapaz de controlarlo y solo tenía ojos para él. Estar a su lado era suficiente como para que me sintiera cómoda, no necesita palabras sin sentido que rellenaran el aire. Todo el tiempo que permanecí en aquel lugar, decidí pasarlo con él.

Capa a capa fui abriendo mi corazón

Sin darme cuenta. Sin quererlo. Me vi exponiendo mis sentimientos.

Habían pasado meses desde aquel viaje pero nosotros seguíamos manteniendo conversaciones a larga distancia, por Skype o por Hangouts, pero siempre estábamos conectados. Me descubrí contándole mis miedos, mis inseguridades. Mi miedo patológico a sufrir y sumergirme en una relación monótona acabada desde hace años, como la de mis padres. No quería eso para mí, ni para nadie.

imagen3

 

Confiaba en él plenamente y a la vez él se mostraba tal y como era, sin segundas intenciones.

Sin embargo, con el tiempo, volví a poner una barrera en medio de los dos. Puede ser que se debiera a la distancia, o a mi miedo, pero la levanté. No me di cuenta hasta que él comenzó a responder de la misma forma.
.

Han pasado unos meses desde esta historia. Sé que Saúl sigue estando presente en mis recuerdos e incluso que seguimos siendo amigos. Ambos hablamos lo que había sucedido, pero decidimos darnos un tiempo.

Lo que quiero transmitir con mi historia es que si conoces a la persona adecuada, da igual el lugar, el tiempo, las circunstancias; el miedo se desvanece por arte de magia y dejamos al descubierto nuestra alma más profunda.
Lola, 33

¡Hola! Te aviso que uso cookies propias y de terceros, si continúas navegando, es que estás de acuerdo. Lee nuestra política de cookies Cerrar ACEPTAR

Aviso de cookies