Os contaré mi historia más relevante, aquella que nunca me he atrevido a confesar y que cada vez que recuerdo se me ponen los pelos de punta.

 

¿Sabes qué creo? Que todas las mujeres hemos sido cuestionadas, manipuladas o violadas de alguna forma a lo largo de nuestra vida y, si no lo hemos sido, lo seremos.

 

Así comienza su duro relato esta chica, que prefiere permanecer en anonimato en vez de salir a la luz.

 

De momento he tenido la suerte de no ser violada por nadie, pero sí lo han intentado y también he presenciado muchas de esas palabras denominadas “piropos”, que en realidad son micromachismos.

 

Salir a la calle por cualquier ciudad de España, y sobre todo, pasar delante de unas obras o de un lugar en el que se encuentre un grupo de hombres apoyados, se convierte en un completo infierno para la mayoría de mujeres. Sobre todo si vamos un poco arregladas porque nos apetece, no para gustarles a nadie y mucho menos, provocar.

 

Os contaré mi historia más relevante, aquella que nunca me he atrevido a confesar y que cada vez que recuerdo se me ponen los pelos de punta.

 

Una noche salí con mis compañeros de clase de la universidad. Todo transcurría con total normalidad y estábamos muy bien. He de decir que todos habíamos bebido bastante después de una cena copiosa y que luego decidimos ir a un pub a tomar nuestra primera copa y bailar un poco. En la puerta de ese local estaban dos hombres. Mi amiga María y yo, nos pusimos a hablar con ellos porque estábamos fumando en la puerta. Todo parecía completamente normal, les comentábamos qué estudiábamos y qué hacíamos con nuestras vidas. Parecía ser una conversación normal.

 

De repente, sin previo aviso María desapareció. Cuando me di cuenta mis compañeros me dijeron que se encontraba mal y que había decidido irse para casa, a mí no me había encontrado y no me había dicho nada. Me rayé un poco, era la persona de la clase con la que más me relacionaba y estuve a punto de irme a casa.

 

Por suerte y digo por suerte porque ahora lo entenderéis, me convencieron y me quedé. Cambiamos de local y allí sin saberlo… empecé a encontrarme rara.

 

Me subió la temperatura, no coordinaba demasiado y solo me apetecía tener sexo. Me daba igual con quien fuera, estaba fuera de mí como NUNCA antes me había pasado, ni me pasó en un futuro. Tengo vagos recuerdos… pero uno de ellos era el de un hombre detrás de mí todo el rato. Intentado besarme, intentado forzarme y yo negándome.

 

Finalmente encontré a un chico, Tonny se llamaba. Lo besé directamente y le dije lo que me pasaba, tenía muchas ganas de acostarme con alguien y me parecía muy atractivo. Así que nos fuimos camino a su casa. Por el camino yo le iba explicando lo que me pasaba, que no lo entendía, que jamás me había pasado. Él me comprendió perfectamente, entendió cómo estaba y no abusó de mí. En todo momento se mostró muy amable y dejó que durmiera en su casa hasta la mañana siguiente.

 

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Cuando me desperté, no me lo podía creer. Jamás me había ido con nadie sin conocerlo y mucho menos haberme quedado en su casa hasta el mediodía del día siguiente. Tonny me tranquilizó y también me comentó la presencia de ese tío detrás de mí toda la noche. Me dijo que probablemente me hubiera metido algo en la copa.

 

Nerviosa, me vestí y me fui rápidamente a mi casa, donde llamé a María. Ella, también había tenido suerte gracias a su novio. Al parecer también la habían drogado, pero a ella le había sentado muy mal. Se encontraba tan mal que decidió irse corriendo del pub en el que estábamos. Uno de esos dos hombres con los que habíamos estado hablando la siguió, así que como conclusión, el otro, era el que no había parado de insistirme a mí toda la noche…

 

A medida que ella apuraba el paso, el tío también lo hacía, hasta llegar a un punto en el que los dos comenzaron a correr. Por suerte, su pareja la encontró antes de que ese individuo llegara a alcanzarla, y la llevó a casa. Pasó toda la noche vomitando, como no recuerda otra.

 

Comentándolo entre las dos y evaluándolo, nos dimos cuenta de que esa noche no habíamos bebido de las bebidas de estas personas, pero sí habíamos aceptado un cigarrillo de ellos. Hay cierto tipo de drogas que pueden impregnarse en el tabaco, así que por favor tened mucho cuidado con esto. Nosotras tuvimos suerte, pero seguramente a estos individuos les haya salido bien “la jugada” en otras situaciones.

 

Cuidad mucho con quien habláis y con quién estáis. Es muy muy triste que las mujeres tengamos que tener tanto cuidado con todo el mundo que nos rodea, pero cada vez se realizan más atrocidades.

 

Muchas mujeres que han sido violadas, que les ha pasado lo mismo que a nosotras, o que son piropeadas por la calle haciéndolas sentir inseguras – micromachismos, no somos capaces de denunciar esto que nos ha sucedido, porque poco respaldo tenemos sobre ello.

 

Debemos contarlo y decirlo más veces, aunque sea de forma anónima, para que en algún momento llegue a los oídos de las autoridades y dejen, de una vez por todas, de darnos tanto la espalda.

 

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