¿Sabes lo que es realmente un orgasmo?

Te contaré una cosa: a día de hoy muchas personas siguen sin saberlo.

Puede que te parezca una tontería, pero lo cierto es que no lo es. A mí personalmente, me costó averiguarlo.

 

La escuela, los padres y madres, los amigos… realmente nadie te cuenta nada. No sabes cómo se provoca, solo tienes en mente una idea de que con la penetración, quizá lo logres, pero aún así, sabes por oídas que muchas mujeres siguen diciendo que no lo alcanzan.

 

Eso sí, lo que sí dicen que es normal es que los hombres se masturben, pero no dicen nada de las mujeres. ¡Así seguimos!

 

Un día, cansada de todas estas tonterías, decidí comenzar a explorar mi propio placer. No tendría demasiados años, de hecho no me acuerdo cuántos, pero sí tenía claro que al igual que los hombres podían alcanzar esa sensación, yo también podría.

 

Sabía que tenía que acariciar mi cuerpo, mis pechos, mis pezones, mis costillas…para ir poco a poco bajando hasta mi sexo. Así que así lo hice. Una noche en cama decidí comenzar a conocerme – aceptar, ya me había aceptado hace tiempo.

 

Cerré los ojos y llevé mis manos a mi boca, humedecí los dedos y los bajé por el cuello, masajeando toda mi piel a su paso. Rodeé mis pechos y pellizqué suavemente mis pezones. Bajé las dos manos por mis costillas hasta llegar a mis caderas y antes de seguir bajando dejé que mi excitación fuera en aumento. Me sentía húmeda.

 

Llevaba puesto un camisón, así que deslicé una mano por mi sexo, mientras que con la otra seguía acariciando uno de mis pechos. Lo noté caliente, mojado. Introduje un dedo en mi interior pero no sentí demasiado, excitación a lo sumo. Acaricié el Monte de Venus, esa zona donde solemos tener más vello púbico pero que debido a la depilación moderna, la mayoría a penas tenemos. Desde ahí comencé a acariciar los labios externos de mi vulva y noté cómo una pequeña zona, situada entre el Monte de Venus y mi entrada, me respondía con oleadas de placer.

 

“Más adelante descubriría que esa zona, era el famoso clítoris.”

 

Me dirigí a esa zona y comencé a realizar toques, caricias diferentes, hasta averiguar cuál me gustaba más y me causaba mayor placer. El contacto directo me molestaba un poco, así que decidí hacer círculos a su alrededor mientras que la otra mano se deslizaba hacia mi interior.

 

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A medida que aumentaba mi excitación, aumentaba la intensidad de los movimientos. No llegaba a comprender cómo ese pequeño punto de mi cuerpo era capaz de proporcionarme esa sensación tan grande, en lugar de la entrada de mi vagina.

 

Mantuve la intensidad, el movimiento y la excitación, hasta que finalmente sucedió. No pude controlarlo. Una sensación de éxtasis extremo recorrió cada centímetro de mi cuerpo. Comenzó en ese lugar llamado clítoris y se extendió por todas mis terminaciones. No podía pensar, no podía hacer otra cosa más que sentir. Cuando la sensación acabó, me encontraba fascinada.

 

“Mi cuerpo, por sí mismo, era capaz de proporcionar una oleada de placer más grande que la que había logrado experimentar con un hombre hasta ese momento.”

 

Sin embargo, no fui capaz de contárselo a nadie.

Por triste que parezca mis amigas eran muy estrictas, mi familia también y no había mucha más gente con la que hablar de estos temas. Así que hasta ahora he mantenido esta confesión en secreto. Lamento mucho no haberla compartido, no haber gritado a los 4 vientos que las mujeres también tenían y tienen derecho a disfrutar de su propio placer y a saber cómo proporcionárselo.

 

Quizá era muy pequeña para ello, pero ahora sí tengo ganas y fuerza para reivindicar el papel que nos corresponde. Cada mujer, cada persona, tiene un cuerpo diferente y único que lo hace especial. Todos deberíamos aprender a aceptarlo, a conocerlo y a saber qué es lo que más nos provoca placer.

Sandra, 28

 

Te animo a que si quieres compartir tu historia, la envíes a confesiones@intimasconexiones.com. Cuantas más seamos, más fuerza haremos.

 

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